domingo, 13 de marzo de 2011

40. Del Bagavad Gita - El Canto del Señor

DEL BHAGAVAD GITA - EL CANTO DEL SEÑOR

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Comentarios de Orión-Om



Entonces, en aquellos antiguos tiempos, Arjuna se encuentra de pie sobre su soberbio carro de guerra, en compañía de Krishna, su amigo y auriga. Pero Arjuna quiere saber contra quiénes tiene que pelear en este campo de batalla.

Krishna le permite contemplar la hueste de sus enemigos. Arjuna recorre su mirada y logra distinguir a sus padres, abuelos, tíos, hijos, hermanos, nietos, y muchos otros familiares y amigos.

Pero Arjuna en su visión considera que esta es su propia familia y amigos, y no alcanza a descubrir que esta es realmente su familia egóica contra la cual todo verdadero guerrero y combatiente tiene que luchar, y vencer, en dura lid. En realidad, nuestra familia egóica es muy grande. Es nuestra creación humana a través de todos los tiempos.

Así que Arjuna no quiere combatir porque considera que esta es una guerra fratricida, lo cual sería un crimen, y dice:

¡Oh Krishna! ¿Cómo puedo yo, en medio de la pelea, asestar mis armas al hermano de mi abuelo, el gran Bhisma, o contra Drona, mi maestro?

Krishna entonces explica a Arjuna que para un verdadero guerrero “no hay deber más sagrado que el pelear por una causa justa”.

La verdadera guerra santa es interior, contra el Ego. Así que en esta etapa del camino, el Peregrino de la Luz es Espada y Amor, y es Amor, y también es Espada. Es suave con la Vida y Duro contra el Ego; es Dulce con la Vida y Amargo contra el Ego; irradia Amor y al mismo tiempo asesta sus armas contra el Ego. El Peregrino de la Luz es Amor para la humanidad y al mismo tiempo es la Espada de Dios contra toda manifestación de Ego. Si alguien quiere entrar al Corazón de Dios, primero debe librar una dura guerra en este campo de batalla interior. Así es como identificamos a los verdaderos héroes de la historia del mundo. Así es como identificamos la verdadera naturaleza interior y exterior del Cristo Cósmico Liberador y Salvador.

Entonces Krishna dice a Arjuna:

“¡Felices y afortunados quienes militan en ese glorioso combate que les abre de par en par las puertas del cielo! Pero, si olvidando las obligaciones de tu casta, te resistes a tomar parte en él, faltarás a tu deber, mancillarás tu honor y sobre ti pesará vergonzoso delito.

“La gente pregonará tu perpetua deshonra, y para todo hombre bien nacido, la deshonra es peor que la misma muerte.

“Los jefes creerán que rehúyes al combate por cobardía, y te verás menospreciado por aquellos mismos que más te ensalzaban.

“Tus enemigos te recriminarán en tales términos, que la lengua se resiste a expresarlos, y harán escarnio de tu valor y de tus proezas. ¿Puede haber mayor ultraje?

“Si sucumbes en la lid, abriránse para ti las puertas del cielo; si triunfas, el señorío sobre la tierra será el galardón de tu victoria. Yérguete, pues, hijo de Kunti, y decídete a luchar.

“Acepta por igual el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, el triunfo y la derrota, y apréstate a la batalla. Así no caerás en pecado”.

**“Deja en mis manos todas tus acciones, Arjuna, y con el pensamiento fijo en el Espíritu Supremo, lánzate al combate, sin que en tu corazón aniden el egoísmo, la esperanza, ni la iniquidad”.

**“Procure el hombre elevar el yo por medio del Yo, y no permita que se degrade. Porque, en verdad, el Yo es amigo del yo y asimismo es su enemigo.

“El Yo es amigo del yo de aquel que se ha vencido amismo; mas por su hostilidad contra el yo indómito, no espiritual, el Yo puede conducirse como enemigo suyo” (Canto VI).

**Entre millares de mortales, sólo alguno quizá lucha por la perfección; y entre aquellos que con sus esfuerzos lo han conseguido, apenas se encuentra uno que Me conozca en esencia.

Tierra, agua, fuego, aire, éter, pensamiento, intelecto y conciencia del Yo: he aquí los ocho componentes de mi naturaleza material.

Esta es mi naturaleza inferior. Conoce ahora mi otra naturaleza, la superior, el vital elemento que sostiene el Universo. Sabe que esta doble naturaleza mía es fecunda matriz de todos los seres. Yo soy el principio del mundo, y asimismo soy su fin. Nada hay absolutamente superior a Mí. Conmigo está entrelazado el Universo entero, como están enhebradas en su hilo las perlas de un collar.

Yo soy, oh hijo de Kunti, sabor en las aguas; soy luz en la luna y el sol; la sagrada palabra en los Vedas; sonido en el éter y virilidad en los hombres.

Soy pura fragancia en la tierra, esplendor en el fuego; vida en todos los seres y austeridad en los ascetas.
Sabe que soy el eterno germen de todo cuanto existe; soy la sabiduría de los sabios y el poder de los poderosos.

De los fuertes, Yo soy igualmente la fortaleza sin mezcla de apetitos y pasiones; en todas las criaturas, oh príncipe de los Bharatas, soy el deseo no vedado por la Santa Ley.

Entiende asimismo que de Mi proceden las naturalezas individuales formadas por las cualidades de Sattva, Rajas y Tamas. Yo no estoy en ellas, pero ellas están en Mí.

El mundo entero, alucinado por las naturalezas producidas por esas tres cualidades, no sabe que Yo estoy por encima de ellas, y que soy imperecedero e inmutable.

En verdad, difícil es sobreponerse a este divino poder mío de ilusión creado por las cualidades. Únicamente aquellos que acuden a Mí se hacen superiores a tal ilusión.

Los malvados y los insensatos no acuden a Mí, ni tampoco los hombres ruines cuyo conocimiento, arrebatado por el engaño, les lleva a participar de la naturaleza demoníaca.

Cuatro clases de hombres Justos Me adoran, Arjuna: los afligidos, los que buscan la sabiduría, los que anhelan posesiones y los sabios.

Entre ellos, el sabio, siempre consagrado a la unión mística y adorando al Uno, excede a todos los demás, puesto que él Me ama sobre todas las cosas, y Yo le amo igualmente a él.

Dignos, en verdad, son todos aquellos, mas Yo considero al sabio realmente como a Mí mismo, pues entregado a la unión espiritual, acude a Mí, la meta suprema.

Al término de numerosos nacimientos, el hombre dotado de sabiduría llega a Mí pensando:Vasudeva es el Todo”. Tal hombre de alma excelsa difícil es de encontrar.

**Yo soy el Supremo Sacrificio, oh el mejor de los mortales. Y aquel que en los últimos instantes de su vida piensa únicamente en MÍ, al dejar su cuerpo en verdad entra en mi Ser.

Mas si en la hora postrera abandona el cuerpo pensando en otro ser a él se encamina, hijo de Kunti, por simpatía con su naturaleza.

Por lo tanto, piensa siempre en Mí, y lucha. Teniendo el corazón y el entendimiento puestos sólo en Mi, a Mí vendrás, sin duda.

Al Espíritu Supremo se dirige el hombre que con asiduidad medita en Él, y tiene sin cesar la mente aplicada al Yoga.

Aquel que medita en el Eterno, Omnisciente y Gobernador soberano, más pequeño que el átomo pero sostén del Universo; de forma inconcebible, refulgente como el sol que brilla más allá de la oscuridad; si en el trance de su muerte, hallándose en unión de amor y con el poder del Yoga, imperturbable su mente concentra el aliento vital entre ambas cejas, se encamina hacia el Espíritu Supremo.

Voy ahora a revelarte, en breves palabras, aquel Sendero que los sabios versados en los Vedas llaman el verdadero, y en el que entran quienes se han dominado a sí mismos y están exentos de pasión; el ideal de aquellos que abrazan la vida del Brahmachari.

Cerradas todas las puertas de los sentidos, recluida la mente en el corazón, el aliento vital retenido en la cabeza y perseverando en el Yoga; pronunciando incesantemente, pensando en Mí, el monosílabo OM, emblema de la Divinidad única y eterna; a quien en tal disposición deja esta vida, se dirige al Sendero supremo.

Hasta Mí llega con prontitud el yogui que, entregado a la unión mística, no piensa en ningún otro ser, fija siempre su atención en Mí.

Una vez en Mí estos hombres de alma excelsa, no retornan a esta vida pasajera donde anidan la miseria y el dolor: ellos han alcanzado la suprema Morada.

Todos los mundos, incluso el de Brahma, hállanse supeditados a reiterado vaivén, Arjuna; pero quien ha llegado hasta Mí, ya no necesita nacer y morir.

**Mas, por encima de esta creación visible e invisible, hay en verdad otro Principio inmanifestado y eterno que perdura cuando se disipa todo lo existente.

Este Principio inmanifestado, eterno e indestructible, se denomina Meta Suprema. Quienes llegan a alcanzarla no retornan jamás. Esta es mi Mansión excelsa.

Mediante un infinito amor, oh Arjuna, se puede llegar a este Espíritu Supremo. En Él hállanse contenidos todos los seres, y de Él se engendraron todas las cosas.

**Los insensatos desconocen mi naturaleza superior cuando estoy revestido de humana forma, y me desprecian, a Mí, que soy el Soberano Señor de todas las criaturas.

Vanos en sus esperanzas, vanos en sus acciones, vanos en su saber y privados de entendimiento, tales hombres participan de la engañosa naturaleza de los espíritus demoníacos.

Pero hay hombres de alma excelsa que sí conocen mi naturaleza divina, y sabiendo que Yo soy la fuente inagotable de todos los seres. Me adoran con el pensamiento fijo en Mí.

Glorificándome sin cesar, luchando porfiadamente, constantes en sus votos y prosternados ante Mí, Me adoran con fervorosa e inalterable devoción.

Otros Me ofrecen el sacrificio de la sabiduría, y Me adoran en mi unidad y en mi multiplicidad, porque Me ven en todas partes y a través de diversas formas.

Yo soy la oblación, el sacrificio, la ofrenda a los antepasados, la hierba bendita; soy el himno sagrado, la manteca purificada, el fuego, y también la víctima consumida en el holocausto.

Soy el Padre de este Universo y también su antepasado; soy la Madre y el Creador de todo. Soy el objeto del conocimiento, el purificador, la mística palabra OM, y asimismo los tres Vedas.

Soy el camino y el Maestro que en silencio vigila; soy tu amigo y tu refugio, así como tu morada de paz. Soy el principio, medio y fin de todas las cosas; su semilla de Eternidad, su Tesoro supremo.

En Mí se origina el calor, retengo y derramo la lluvia; soy la inmortalidad y la muerte, y asimismo soy, Arjuna, el Ser y el No-ser.

Quienes están versados en los tres Vedas, beben el Soma, se han purificado de sus pecados y Me ofrecen sacrificios, impetran de Mí el camino de los cielos.

Llegados al glorioso mundo de Indra, el rey de los dioses, se sientan en su celestial banquete.

Después de gozar allí de las delicias del vasto mundo paradisiaco, ya agotados sus méritos, retornan a este mundo mortal. Siguieron lo prescrito por los Vedas, alimentaron en su corazón transitorios deseos: vivieron, como consecuencia, una felicidad pasajera.

Pero a quienes me adoran con pureza de alma y viven siempre en armonía, les aumento lo que poseen y les otorgo aquello de que carecen.

Incluso aquellos que con fe y ferviente devoción adoran a otras divinidades, con su amor, a Mí me adoran, aunque no en debida forma.

Porque Yo soy el Señor de todos los sacrificios y el que se complace en ellos, pero esos adoradores, en verdad, no conocen mi esencia y, por lo tanto, han de retornar a la tierra.

Aquellos que adoran a los dioses van a los dioses; aquellos que rinden culto a los antepasados, van a los antepasados: aquellos que sacrifican a los espíritus elementales van a los espíritus elementales, mas quienes Me adoran a Mí, vienen a Mí.

Yo acepto las ofrendas de toda alma piadosa que a Mi se acerca, sea una hoja, una flor, un fruto, o simplemente agua, porque un corazón puro con amor Me lo entrega.

Cualquier cosa, pues, que hagas, oh Arjuna, cualquier alimento que comas, cualquier objeto que ofrezcas en sacrificio, cualquier limosna que des, cualquier mortificación a que te sometas, hazlo como ofrenda a Mí.
De este modo quedarás desligado de las ataduras de toda obra, sean buenos o malos sus frutos. Aplicándote con fervor al Yoga de la renunciación, serás libre, vendrás a Mí.

Yo soy igual para todos los seres: nadie me es odioso ni preferido. Mas quienes me adoran devotamente moran en Mí, y Yo moro en ellos. Incluso el hombre más depravado, si Me tributa exclusiva veneración, ha de considerársele justo, pues ha elegido el recto camino.

**Sea, pues, oh tú, el mejor de los Kurús. Voy a revelarte algunas de mis excelencias…Soy el espíritu que mora en el corazón de todas las criaturas; soy el principio, medio y fin de todo ser…

**Mas no es posible, en verdad, que Me veas con tus ojos mortales. Voy a concederte la visión divina. Contempla, ahora, mi divina grandeza y mi excelso poder.

Sañjaya:

¡Oh Rey! Luego que así hubo hablado el Señor del Yoga, apareció ante Arjuna en su forma augusta y suprema.

Con multitud de ojos y bocas, con gran número de portentosos aspectos, con gran profusión de ornamentos divinos, y blandiendo numerosas armas refulgentes; ataviado con espléndidos collares y ostentosas vestiduras; perfumado con aromas celestes; rebosando maravillas; divino, resplandeciente, infinito, con la faz vuelta en todas direcciones.

Si la deslumbradora luz de mil soles surgiera a la vez en el firmamento, podría compararse a la refulgencia de aquel ser magnánimo.

Allí, en el cuerpo del Dios de dioses, Arjuna contempló reunido el Cosmos entero en su inmensa variedad de seres.

Sobrecogido de estupor y asombro, erizado el cabello, inclinó el héroe su cabeza, y juntando en alto las manos, así habló a la divinidad.

Arjuna:

En Ti, oh mi Dios, contemplo a los dioses todos y las innumerables variedades de seres; veo asimismo a Brahma, en su trono de loto" y a todos los Rishis y Serpientes divinas…

Krishna:

Yo soy el Tiempo destructor del mundo. Llegado a la plenitud heme aquí manifiesto para exterminio del linaje humano. Ni uno tan siquiera de los guerreros que militan en los ejércitos enemigos escapará a la muerte. Sólo tú sobrevivirás.

Levántate, pues. Corre a coronarte de gloria, y triunfando de tus enemigos enseñoréate del vasto y opulento reino. Yo herí de muerte a tus adversarios; sé tú tan sólo el instrumento de mi sentencia, oh tú, arquero ambidextro, Hiere sin temor a Drona, Bhisma, Jayadralha, Karna y a todos los restantes heroicos campeones, a quienes Yo he quitado ya la vida. No desmayes; lucha con denuedo y alcanzarás plena victoria sobre tus rivales.

Krishna: 

Esta transfiguración mía que acabas de contemplar, es en extremo difícil de poder ser vista. Los mismos dioses desearían gozar del privilegio que tú has tenido. Ni por los Vedas, ni mediante mortificaciones, limosnas u ofrendas, nadie puede verme como tú Me viste.

Únicamente por medio del amor pueden los hombres verme, conocerme y llegar hasta Mí.

Aquel que obra en mi nombre, que me ama y para quien soy el Fin supremo, liberado de toda cosa mortal y con inmenso amor hacia todo lo existente, ése, en verdad, viene a Mí.

**Mas aquellos que renuncian en Mí todos sus actos y para quienes Yo soy el supremo fin de sus aspiraciones, que con amor puro en Mí meditan y Me adoran con devoción exclusiva; sin tardanza les salvo del piélago de la muerte y vida transmigratoria, pues en Mí depositaron su corazón.

Dirige, pues, a Mí solo, tu pensamiento, asienta en Mí tu corazón y, sin duda alguna, vivirás en Mí después de la muerte…


Krishna:

Decisión en el obrar, sinceridad, pureza de corazón, perseverancia en el Yoga de la sabiduría, caridad, dominio de uno mismo, adoración, estudio de los libros sagrados, austeridad, rectitud.

Mansedumbre, veracidad, renuncia, placidez, sinceridad, compasión hacia toda criatura viviente, impasibilidad ante las tentaciones, dulzura, modestia, firmeza, energía, magnanimidad, fortitud, pureza, buena voluntad: he aquí, oh hijo de Bharata, las dotes de aquel que ha nacido en condición divina.

Hipocresía, soberbia y presunción, ira, rudeza e ignorancia: he aquí las características de quien ha nacido en condición demoníaca.

Las virtudes, por ser celestes, conducen a la liberación; en tanto que sus opuestos, por ser demoníacos, esclavizan al alma. Mas no temas, oh hijo de Pandu: tú naciste de condición divina.

En este mundo hay dos linajes de criaturas: las de condición divina y las de condición demoníaca. Extensamente te he descrito lo que distingue a las primeras; escucha ahora lo que voy a decirte con respecto a las segundas.
Los hombres de naturaleza demoníaca no saben lo que debe hacerse ni lo que no debe hacerse. Su corazón no es puro; no tienen buena conducta ni son veraces.

“En el Universo dicen, no hay verdad, ni base moral, ni Dios que lo gobierne. El nacimiento de los seres no obedece a plan alguno superior; es el producto de la unión sexual, sin más causalidad que la lujuria”.

Con tales ideas, esos hombres de flaco entendimiento y actos brutales, aparecen como enemigos, nacidos para la ruina del género humano.

Esclavos de insaciables apetitos y henchidos de hipocresía, arrogancia y fatuidad, el error los induce a falsos conceptos, y van a la acción movidos por designios impuros.

Acosados por infinitas preocupaciones que les persiguen hasta la muerte, creen que el supremo fin es la satisfacción del deseo, y que a esto todo se reduce.

Aprisionados por cien cadenas de ilusiones, se dejan arrastrar ciegamente por la pasión y se afanan en  amontonar, por medios ilícitos, las riquezas que les permitan satisfacer sus desordenados apetitos.

"Esto, dicen, lo he adquirido hoy: veré satisfecho tal deseo; mañana poseeré aquello”... “Vencí a este enemigo, de igual modo me desharé de los restantes. Soy un magnate y saboreo los placeres a discreción; soy un hombre afortunado, poderoso y feliz"... "Soy rico y de noble cuna, ¿quién puede igualarse a mí? Ofreceré sacrificios, distribuiré limosnas; viviré dichoso". Así se expresan engañados por su ciega ignorancia.

Agitados por multitud de pensamientos, presos en las redes de la ilusión, y entregados por completo a los goces sensuales, acaban por hundirse en un infierno inmundo.

Engreídos de sí mismos, porfiados, altaneros, embriagados por la codicia de riquezas, ofrecen hipócritamente vanos sacrificios por pura ostentación, sin atenerse a los mandatos de la Ley escrita.

Egoístas, violentos, vanidosos, lascivos e iracundos, estos hombres malignos Me' odian en los cuerpos ajenos y en el suyo propio.

A estos impíos, henchidos de odio, crueles; escoria de la humanidad, perpetuamente los condeno a las miserias de la vida transmigratoria, arrojándolos en matrices demoníacas.

Caídos en tales senos gradualmente húndense en el error sin alcanzarme jamás. Estos infelices, hijos de Kunti, descienden hasta la más ínfima condición.

Tres son las puertas que se abren en este infierno destructor del alma: lujuria, ira y avaricia. El hombre debe apartarse de ellas.

Quien consigue escapar de estos tres umbrales tenebrosos, labra su propia salvación y alcanza la meta más elevada.

Pero el que desdeñando los preceptos de las Escrituras se abandona a los impulsos del deseo, no alcanza la perfección, ni la felicidad, ni su fin supremo.

Haz, pues, que los libros sagrados sean tu norma en la determinación de lo que debe hacerse y de lo que no debe hacerse. Una vez conozcas los cánones de las Escrituras, obra en este mundo de conformidad con ellos.

Arjuna:

¿Cuál es, oh Krishna, la condición de aquellos que, sin atenerse a los preceptos de las Escrituras, practican el culto con fe? ¿Es la de Sattva, de Rajas o de Tamas; de luz, de fuego o de tinieblas?'

Krishna:

Entre los mortales hay tres clases de fe, nacidas de su naturaleza individual; puede ser, pues, de índole Sáttvica, Rajásica o Tamásica. Escucha su descripción.

La fe de cada persona concuerda con su carácter. Cada uno está constituido según su propia fe: tal es la fe, tal es el hombre.

Aquellos en quienes domina la cualidad Sáttvica adoran a los dioses de la luz; los de naturaleza Rajásica, adoran a los dioses del poder y de la riqueza, y aquellos en quienes prepondera Tamas, dan culto a las sombras y a las legiones de espíritus elementales.

Los hombres hipócritas y vanidosos que practican rigurosas austeridades no prescritas en los libros sagrados arrastrados por la violencia de sus deseos y pasiones, que torturan, en su insensatez, las energías de la vida que animan su cuerpo, incluso a Mí que en ellas resido, sabe tú que tienen inclinaciones demoníacas.

También son de tres clases los alimentos gratos a los hombres, así como los sacrificios, austeridad y limosnas, correspondientes a cada disposición individual.

Escucha la diferencia entre ellas: los alimentos que vitalizan, dan vigor, salud, bienestar; que son sabrosos, nutritivos, oleaginosos y agradables, son los manjares favoritos de los hombres puros.

Aquellos en quienes predomina la pasión, apetecen los alimentos acres, ácidos, salados, muy cálidos, picantes, áridos y ardientes que ocasionan molestias, dolores y enfermedades.

Los alimentos rancios, desabridos, hediondos y corruptos, los desechos de la comida y aun los manjares impuros: he aquí lo que prefieren los hombres de condición tenebrosa.

El sacrificio ofrecido según las prescripciones de la Ley, sin pensar en la recompensa y con la firme idea de que dicho acto es un deber, es de naturaleza Sáttvica.

El sacrificio ofrecido con la intención de cosechar el correspondiente fruto o bien por hipocresía, es un acto de índole Rajásica.

El sacrificio no conforme con los ritos sagrados, hecho sin fe, sin distribuir alimentos ni entonar himnos, ni ofrecer dádivas a los sacerdotes, es calificado de Tamásico.

Veneración a los dioses, a los sacerdotes, a los maestros y sabios; pureza, rectitud, castidad y mansedumbre, constituyen la austeridad del cuerpo.

Un lenguaje comedido, honesto, verídico, agradable y provechoso, así como la lectura habitual de los libros sagrados, se designan como austeridad de la palabra.

Serenidad mental, dulzura, placidez, silencio, dominio y pureza de ánimo: he aquí la austeridad de la mente.

Esta triple austeridad, practicada por hombres piadosos con fervorosa fe y sin aliciente de recompensa, es calificada de pura.

La austeridad practicada hipócritamente con objeto de atraerse el agasajo, respeto y amor, es austeridad incierta y efímera, y corresponde a naturaleza pasional.

La austeridad llevada a cabo con el necio propósito de torturarse o de inferir daño a otro, es austeridad de índole tenebrosa.

Calificada de Sáttvica es la dádiva o limosna hecha en oportunidad de lugar y tiempo con generoso desinterés y sin otro móvil que el cumplimiento del deber, a persona de ella merecedora. La limosna con la mira puesta en la restitución, o en espera de recompensa se considera Rajásica. Y la limosna hecha a personas indignas, con aire desdeñoso, sin miramiento de lugar ni oportunidad de tiempo, es acción Tamásica.


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